marzo 22, 2011

Lluvia

Los temporales me traen un recuerdo grato. Pienso en aquel cuento de Garcia Marquez en el cual la lluvia ineluctable borraba la cuenta de los dias, la memoria, las relaciones humanas. Es increible el poder de esas finas agujas de frio que caen como una promesa de vida y de muerte, como un ying yang sabiamente dispuesto por una divinidad no tan amorosa. Los dias transcurren en un gris monotono que no me pone nada triste. Llevar una sombrilla sería traicionar este tiempo, que es como un tiempo regalado, un tiempo de misterio que nos incita a correr hasta titiritar o a refugiarnos en el calor de nuestro propio cuerpo (o, si se es afortunado, el de alguien más).

San Salvador, 2009.

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